La digitalización de la salud pública se ha convertido en una pieza clave para reforzar la resiliencia de los sistemas sanitarios, mejorar la salud poblacional y preparar mejor a los países frente a futuras crisis como la COVID‑19. En el informe «Digitalisation of public Health: Leading Practices in inmunization reporting and respiratorio Disease vigilancia» , de la OCDE, se analiza cómo Australia, Canadá, Nueva Zelanda y el Reino Unido están usando datos, tecnología y nuevos modelos de gobernanza para modernizar la inmunización y la vigilancia de enfermedades respiratorias, y extrae un conjunto de buenas prácticas que son extrapolables a otros sistemas sanitarios, incluido el español.

De los registros aislados al ecosistema de salud digital
Antes de la pandemia, muchos países ya habían iniciado estrategias de eHealth, pero con un enfoque fragmentado y muy centrado en la historia clínica o la atención aguda, más que en salud pública. Faltaban marcos claros de gobernanza de datos, interoperabilidad real entre sistemas y capacidad para aprovechar los datos con fines secundarios (planificación, investigación o vigilancia).
La COVID‑19 actúa como catalizador y convierte la salud digital en una “necesidad inmediata” más que en una oportunidad futura:
- Se despliegan sistemas de vigilancia casi en tiempo real, paneles de capacidad hospitalaria y registros de vacunación masiva.
- Se flexibilizan marcos legales y se aceleran inversiones en infraestructuras de datos, especialmente en países federales donde la coordinación entre niveles de gobierno era una debilidad.
El informe adopta el concepto de salud pública digital no como mera informatización de procesos, sino como la integración sistemática de datos y tecnologías para lograr objetivos clásicos de salud pública (prevención, equidad, vigilancia y respuesta) mediante nuevos modelos de prestación de servicios. El foco se sitúa en dos casos de uso muy concretos, pero críticos: la notificación de inmunizaciones y la vigilancia integrada de enfermedades respiratorias.
Cuatro pilares: gobernanza, datos, tecnología y co‑creación
La OCDE estructura el análisis en cuatro ejes:
1. Gobernanza y capacidades de las personas
- Se observa una transición desde modelos de “custodia” de datos hacia modelos de Stewardship , con autoridades nacionales (o agencias) responsables de fijar estándares, coordinar flujos de datos y velar por el uso ético y seguro de la información.
- Subraya una carencia transversal: la falta de programas amplios y sostenidos de capacitación en datos y competencias digitales para profesionales de salud pública, clínicas y perfiles técnicos.
- Datos y flujos de datos
- La columna vertebral de la salud pública digital es una arquitectura de datos que estandariza qué se recoge, cómo se codifica, cómo se integra y con qué garantías de privacidad y seguridad.
- Todos los países avanzan hacia el uso de estándares internacionales (HL7 FHIR, SNOMED CT, ICD‑10/11) y marcos nacionales de contenidos (como el Pan‑Canadian Health Data Content Framework o el NZ Core Data for Interoperability) para lograr la interoperabilidad semántica.
- Tecnología e infraestructuras
- La tendencia común es una política cloud‑first / cloud‑smart , con plataformas de datos empresariales que permiten centralizar, anonimizar y reutilizar datos de múltiples fuentes.
- Persisten grandes capas de sistemas heredados (registros antiguos, soluciones on‑premise) que dificultan la escalabilidad y aumentan el riesgo en ciberseguridad, obligando a los países a definir hojas de ruta de modernización y marcos de análisis coste‑beneficio de las soluciones existentes.
- Co-creación y equidad
- La digitalización no es neutra: puede amplificar desigualdades si no se diseña pensando en comunidades con condiciones de marginación o brechas digitales.
- Los países están comenzando a incorporar principios de co‑creación en sus políticas de datos por ejemplo, consejos comunitarios o campañas de alfabetización en datos para construir licencia social y confianza en el uso secundario de los datos.
Riesgos a mitigar: ciberseguridad, privacidad y brecha digital
El informe insiste en que la digitalización de la salud pública no es solo una historia de oportunidades, sino también de riesgos que hay que gobernar de forma explícita.
- Ciberseguridad y continuidad asistencial
- A medida que los sistemas sanitarios dependen de plataformas digitales y flujos de datos en red, aumenta el impacto potencial de un ataque o fallo masivo: interrupción de servicios, pérdida de datos y erosión de la confianza ciudadana.
- De ahí la importancia de marcos como el “Essential Eight” australiano, la incorporación sistemática de requisitos de seguridad en los pliegos de contratación y la formación de usuarios en manejo seguro de datos.
- Privacidad, vigilancia y uso secundario de datos
- La pandemia normalizó tecnologías de rastreo, geolocalización y análisis masivo de datos que, si no se gobiernan con transparencia, pueden derivar en percepciones de vigilancia excesiva.
- El informe recuerda que incluso con anonimización existe riesgo residual de reidentificación, por lo que se necesitan reglas claras, controles independientes y comunicación proactiva sobre qué datos se recogen, para qué, y con qué salvaguardas.
- Brecha digital y “paradoja de la salud digital”
- Si el acceso a herramientas digitales y la alfabetización en salud digital se concentran en los grupos ya favorecidos, la digitalización puede agrandar las desigualdades que pretenden reducir.
- Las estrategias revisadas intentan responder mediante campañas segmentadas, participación comunitaria, diseño inclusivo y recogida de variables de inequidad (estado, nivel socioeconómico, género…) para orientar intervenciones específicas.



